Panenka, fútbol para leer

Hace unos años, en una visita turística a un campamento zapatista de Michoacán, durante un paseo por un lago cercano, me topé con un chico que, sentado frente a la orilla, parecía amargarse un artefacto en su entrepierna, como si estuviese a punto de reventarse los testículos con una bomba casera. Preocupado, me acerqué para evitar que lo hiciera. Descubrí entonces que solo escondía un bote de coca-cola entre sus gónadas. Se había separado del grupo insurgente para bebérselo, a sabiendas de que, en aquella atmósfera tan revolucionaria, el refresco del enemigo no sería bien recibido. “No diré nada, soy adicto”, le confesé para que confiase en que no desvelaría su secreto al politburó zapatista. Agradecido, me ofreció un trago, que bebí con fruición.

Panenka 02

Portada del número 2 de Panenka

Con el fútbol en los círculos culturales pasa algo parecido. En según qué ambientes, mostrar interés por el único deporte colectivo que se juega con los pies suele traer consigo la consabida cantinela de que es el opio del pueblo, de que atrofia el cerebro o de que con el dinero que ganan veintidós tíos pegándole a un balón se podría pagar el sistema público de electricidad de toda el África subsahariana. Vale, vale, vale, soy culpable, tanto de mi pasión por el fútbol como de mi adicción a la coca-cola. Desde pequeño he manifestado una extraña habilidad para retener en mi memoria absurdos datos futbolísticos que suelo compartir con gentes a las que poco o nada importa. Y si me tomo dos copas puedo narrarles la biografía del Mágico González o el escorpión de Higuita en Wembley con pasión desbordada, como si me fuese la vida en ello. Me chiflan las historias de clubes decanos, equipos fracasados, jugadores bizarros y partidos extraños, como aquel Bután-Montserrat del año 2002.

Por eso celebro la aparición de Panenka en el estrecho mercado de revistas culturales (éramos pocos y parió la burra). Se trata de una publicación mensual de más de cien páginas (¡toma ya!) donde el fútbol es la excusa para hablar, entre otros temas, de geopolítica, conflictos bélicos, historia, antropología o diversidad cultural. Sí, sí, como lo oyen. Panenka viene a cubrir un nicho de mercado (¿por qué lo llamaran nicho?) que bien pudiera parecer un oxímoron: el de un periodismo futbolístico de calidad. Abrir un ejemplar de la revista supone un goce para la sensibilidad de los que amamos el fútbol tanto como leer un buen texto que nos cuente historias, más allá de la retranca patriotera, el tufillo altisonante o la soflama testicular a la que estamos acostumbrados.

En Panenka se realiza un retrato de la sociedad a través del fútbol: 15M, post-colonialismo o Guerra Fría no son temas ajenos a la revista. Y es que, aunque muchos preferirían obviarlo, resulta limitante reflexionar sobre el mundo contemporáneo dejando de lado a su deporte más universal. Sería como escribir la receta de la paella sin poder nombrar la bachoqueta (perdón por el ejemplo). Eso es lo que hace interesante a Panenka. Claro que lo tienen complicado. Pero la vida –y sus nichos- son para los que arriesgan. A pesar de que, por lo general, los círculos culturales muestren una hostilidad hacia el fútbol y el mundo del fútbol no se relacione precisamente con alardes culturales, más allá de pareados facilones o incendiarios titulares con arengas militares. Aún así, deseamos que Panenka sepa conectar con esa inmensa minoría de lectores que sepan apreciar esta marciana publicación futbolística en la que si hablan de Sócrates puede que se estén refiriendo a aquel filósofo griego. Fútbol para leer. Aunque no lo sabíamos, os estábamos esperando.

Paco Inclán
Editor de la revista Bostezo

El espíritu ‘Panenka’ from PANENKA on Vimeo.

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